jueves, 5 de agosto de 2010

LA TAZA DE TÉ - PARTE 5

Toda esa semana estuve perturbado. Pedí licencia por enfermedad en el laburo y me dediqué a sentarme unos diez minutos en cada plaza que se me cruzaba por mi vagar errante por la ciudad. Arranqué por los bulevares de Juan B Justo y Lope de Vega a las ocho menos cuarto de la mañana y les juro que perdí noción del tiempo y el espacio de mis pasos; recuerdo que aparecí en la Torre de los ingleses a las siete y media de la tarde con cinco hambres juntos y medio deshidratado. El sol de mayo ya no existía; la noche estaba pidiendo permiso y me metí en la primer pizzería que hallé y me bajé dos grandes de muzzarella solo y bastante pomelo.
Busqué la parada del 106 para volver a casa cuando divisé la parada del 7...
-¿Y si tomo el bondi que tomó Carolina aquella noche?- subí nomás al colectivo blanco y, por esas boludeces que me atrapan, bajé en Plaza Miserere. Me aturden los lugares demasiado transitados. Odio esa repugnante plaza. Llena de lucradores de la palabra de Dios, prostitutas latinoamericanas de toda nacionalidad, carteristas de mala muerte, obreros sudorosos y vulgares... me asfixia tanta ordinariez humana. Me paré en la parada del 19 y empecé a reírme solo de ese circo grasiento; pero justo paró un taxi y al carajo la risa: veo dos piernas demasiado familiares bajando en compañía de otras piernas nada familiares y más viriles. No me vieron. Cuando veo asomar esa cabellera volcánica a las risotadas con otro macho entré en convulsiones internas.
-No puedo, no puedo, no puedo... puta barata, puta barata, puta barata- era ella que se fue junto a su acompañante por Rivadavia, cruzaron la plaza y se metieron al cajero del Banco Nación. Nueve de la noche. Salen a los lengüetazos y Carolina que le mete la mano en la poronga. El puto de mierda que se la apoya toda (seguro es puto y seguro quiere hacerse heterosexual justo esta noche) y cruzan Catamarca y siguen hasta Urquiza. Sí, adivinaron, los seguí porque ante tanta obscenidad adelante de todos en la calle terminaba con un lujoso 69 en el primer telo de Balvanera que encuentren ¡seguro eh!.

Así fue. Casi llegando al hospital Español se metieron y me quedé como pajero enfrente. Empecé a hacerme la cabeza con las cosas que le haría a ese salame y con lo que estaría dispuesta a hacer. Seguro se la traga entera, le gusta por el culo, que le acaben en la lengua, que le metan tres dedos como el Chelo Delgado... pasaron dos chicas y al verme salieron a las corridas. Tardé en reaccionar. Miré a mi pelvis y estaba todo mojado.
-Puta que lo parió, estoy re lechoso, me tengo que ir a casa, pero esta perra me la va a pagar-
Volví a Rivadavia y en el primer bar me metí, pedí café y me fui al baño. Me limpié la guasca del calzoncillo, del pantalón y busqué la primera parada de cualquier colectivo que me lleve a Liniers al menos. Pasó un 2 y lo tomé.
Ya en casa estallé de furia. Pero a las 3 horas de crisis nerviosa, me senté en la mesa y tomé un cuaderno; de a poco comencé a bocetar la manera de hacerle pagar a esta yegua haberme enloquecido por un pelo de concha.

Recordé tener un primo policía. Lo llamé y acordé ir a visitar a su familia el siguiente domingo.
-Me hago el boludo, le afano un chumbo y chau colorada-

domingo, 9 de mayo de 2010

LA TAZA DE TÉ - PARTE 4

-Son un soberano demente ¿lo sabías?- me hablaba en voz altísima. Un par de personas que esperaban el 55, el 92 y el 126 se cagaban de la risa. Alguno (creo) amagó con llamar al 107 porque estaba con el pulgar en el teclado de su celular... crucé Directorio y... no sabía qué hacer...
-¿Qué calle primero?- giré sobre mi eje y la impotencia me aplastó los hombros; di algunos pasos por Avenida Olivera y quise empezar por preguntar a cualquier transeúnte por Carolina. Divisé un puesto de diarios.
-Por qué no empecé por ahí, seguro que la conoce!!!- aceleré el paso y el pulso. Casi al llegar esa impotencia me tomó de los hombros de nuevo y me clavó en la vereda; hice el ademán de sacarme una mano de encima y llegué.
-Buen día-
-Sí, joven ¿Clarín, Nación, Página, Crónica?-
-Nooo, a Carolina, una pelirroja así de alta, flaca, con rulos, sonrisa de dentista, buenas tetas...-
-¿Estás mamado, no? ¿o te diste un virulazo?-
-No, no estoy nada de eso, estoy desesperado por Carolina. Vive por este barrio ¿la conoce?-
-Esteeeee, te fugaste del Borda ¿no?-
-Ella me enloqueció!!!-
-Nene, preguntale a otro, me ponés nervioso-

Caminé por las calles unas dos horas y media. Sin resultados, obvio. Decidí seguir por Olivera hasta Rivadavia. Desde ahí, cruzar las vías hasta Gaona y tomar el 106 a casa. Llegué hasta la barrera del Sarmiento. Tin tin, tin tin, venía el tren desde el oeste. Siempre me pongo a mirar a la gente que viene en los vagones, me causa intriga ver tantas caras desconocidas. Pasa el primer vagón, el segundo, hasta que en el tercero un rayo me quema la cabeza: Carolina con una amiga paseando, en otra cosa. Tomé Yerbal y a las corridas me dirigí hasta la estación de Floresta, con el corazón atragantado en la garganta. Subí las escaleras empujando gente y solamente así descubrí que no bajó ahí.
-Conchuda hija de putaaaaa!!!!!!!!! ¡¡¡¡te voy a dar tomarme por tarado a miiiiiii!!!!!!!- el guarda se acercó y quiso calmarme. Le expliqué a grandes rasgos lo que pasaba
-Algunas minas son así, cómo decirte.... complicadas. Buscate una menos dificil-

A los veinte minutos estaba sobre el 106 rumbo a mi casa, con los ojos rojos y las sienes en estado de fisión. El chofer estaba escuchando a Sandro. Los versos de Así me retorcijaban los intestinos y tuve que bajar. Mejor espero al bondi de atrás. Subo y este chofer estaba escuchando Serú Girán. Al reconocer Viernes 3 AM no aguanté, a las cuatro cuadras tuve que bajar... eso me decidió a caminar el resto del recorrido. Casi a las siete de la tarde llegué. Me derrumbé en la cama y largué las lágrimas como un nene que pierde su autito preferido.
-¡¡¡Maldita conchuda del ortoooo!!!- el velador se hizo añicos contra la pared.

domingo, 14 de febrero de 2010

LA TAZA DE TÉ - PARTE 3

Llegó el 106, saqué las monedas y subí. A medida que el bondi atravesaba las calles, volví a la realidad. ¿Qué me pasaba por la cabeza? Me sentía como Cenicienta escapando del palacio. El Mercedes Benz, tal vez mutaba en calabaza y Carolina no sería más que la creación de uno de mis sueños. Miré a mis pies: tenía los dos zapatos puestos.
-Si fuera Ceniciento no me encuentra más- Ja...ja...
A eso de las 7 y cuarto llego a la esquina de casa. Bajo y camino con el sol cocinándome los ojos, abro la puerta, me saco la ropa, abro la ducha y al agua pato. Rebobino al baile, los roces, las apoyadas, los quiebres y a la mierda con todo. El beso arrebatado y basta ya, unas manoseadas y la convulsión seminal; me siento en la ducha y la imagino en cuatro.
-Hija de mil... hiciste lo quisiste conmigo-

Pasaron algunos días y no me contestaba los mensajes, la llamé de una vez por todas y la sorpresa: el número solicitado no corresponde a un abonado en servicio. Ocurre que al terminar las clases en la facu, no había más punto de encuentro. ¿Todo fríamente calculado? Pasó enero, febrero, y otra vez a buscarla en los pasillos. No, no es posible que se la haya tragado la tierra. Encima ni el correo le pedí. No tenía idea de dónde buscarla, empezar por los lugares que fuimos es imposible, jamás repite los caminos.
-Odio las repeticiones, jamás hago dos cosas idénticas-
Dí vueltas por todas partes. Estaba enfermándome de ganas de verla y ella... ella desconociendo mi desesperación, mi obsesión por esos ojos verdes y esos rulos incandescentes, esa cintura firme y esas pecas lujuriosas. ¿cómo pudo Carolina jugar así conmigo? Llegó marzo, abril, las clases se suceden y no hay rincón donde el milagro se dé. ¿Acaso se recibió y no me lo dijo? ¿perdió el celular esa mañana y la juzgo mal? ¿o me esquiva como sea? ¿cambió el número para que no la encuentre? ¿se fue a Irlanda? ¿se murió? ¿se mudó? ¿me tomó por boludo? ¿fui otra presa de su colección de hombres cazados? ¡¡¡que alguien me responda!!!

A la salida de un teórico (sin hablarle a nadie, como casi siempre) creí reconocer una cara; me acerqué. Sí, era una amiga de Carolina. Le pregunté qué hizo con su vida, dónde se metió en estos 4 meses sin noticias suyas.
-Ah, debés ser Javier. Mejor no te acerques a Caro, hace siempre lo mismo, te hace probar el dulce y te deja sin torta-
-Pero es distinto conmigo, lo sé-
-No seas necio, no la busques, para ella todos son lo mismo, un pedazo de carne-
-¿Dónde está, cómo la encuentro, dónde vive?-
-Ufff, Parque Avellaneda, es todo lo que sé-
-Ahhh, por eso tomó el 7, y yo que creí que iba hasta Once-
-Hacé lo que quieras, yo te avisé, te va a lastimar-
No me importó nada. Buscaría calle por calle, casa por casa hasta dar con Carolina. Al domingo siguiente fui con el 106 hasta Liniers. Crucé las vías y esperé con paciencia el 104. Era la única forma de ir a Parque Avellaneda desde ahí. A medida que atravesaba Liniers, Mataderos, mi ansiedad subía. Al llegar a la Avenida Directorio el corazón me saltaba y sudaba a mil. Cuando al fin llegué a la esquina de la Avenida Olivera y bajé, caí en la idiotez de mi idea.

martes, 5 de enero de 2010

LA TAZA DE TÉ - PARTE 2

Le hice caso. Medio mareados por la cerveza artesanal de ese bendito pub de la calle Reconquista, paró un taxi.
-Llévenos a una milonga, tengo ganas de bailar tango-
-Como diga señorita. ¿acaso es extranjera usted?- le espetó el tachero.
-Ambos, yo soy más irlandesa que él-
-Pero maneja muy bien el castellano-
-Y... mi tío bisabuelo se vino a vivir acá hace muchos años y tengo mi familia argentina, vengo todos los años- la escuchaba a Carolina y me aguantaba la risa... le presté atención: pelirroja con rulos, pequitas, ojos verdes, piel blanquísima, y una figura terrible.... la altura ideal diría (1,69) ¿cómo podía estar justo yo al lado de semejante hembra? ¿qué me vio? Se puso a hablar de lo lindo con el tachero y yo, miraba las veredas sin oir la conversación. De repente frenamos. Pagó ella y me dijo que bajemos.
-Che, nene, ni una palabra-
-Odio hablar con los taximetreros-
-¿taxiqué? hablame en criollo!!!-
-¿Criollo, y te hacés la irlandesa?-
-jajajajaja, sos un boludo, me gusta jugar así con la gente. Dale, vamos a bailar un poco-
-¿Y tango? no sé bailar esto-
-Yo te enseño, total tenés que apoyarme toda- oí esto y se me quemó el cerebro. Entramos y había gente de toda edad. Los bandoneones de la música de Di Sarli atronaban el salón. Me tomó de las manos y pidió a uno de los mozos que nos saque una foto. Se acomodó cual bailarina y se me tiró encima. Amagué robarle un beso. Nos atacó el flash y salió de la pose.
Me llevó a la pista sin perder tiempo y empezó el papelón. La paciencia de Carolina fue infinita. Me marcó los pasos y para mi asombro, pude hacer unos pasos decentes; claro que, los demás habitués se cagaron de la risa de lo lindo primero, y luego, al ver mi tozudez por sacar un paso, se solidarizaron y los hombres hasta me enseñaron cómo agarrar a la compañera.
-Así, pebete, con ganas, hacé de cuenta que la tenés en la amueblada!- me dijo un señor bastante mayor que estaba con su esposa. Caro lloraba de la risa.
-Amueblada... te falta mucho para llevarme ahí- me dijo al oído.
Nos movimos de lo lindo y debo decir que fue una experiencia muy loca y original. Ni sospeché que le gustaba tanguear, ni por asomo da ese perfil.

A eso de las 5 y media decidimos irnos. Tomamos otro taxi y fuimos para Retiro de nuevo.
-Bueno, acá me despido, la pasé muy bien con vos. Viste, al final aprendiste a tanguear!!!-
-¿Ya te vas?-
-Son casi las 6, ya es de día-
-Pero...- y ni dudé. La tomé como en la milonga y con un quiebre de cintura la besé. No opuso resistencia. Me clavó las uñas en la espalda y hasta me lamió la oreja.
-Esto está fuera de los planes, no pensarás que vamos a coger ¿o sí?-
-¿Y qué dijiste de la amueblada?-
-Noooo, te falta mucho Javi, mejor cada uno a su casa-
Se me fueron las ganas de seguir de yira. Sin decir nada le di un beso pero en la mejilla. Caminé hasta la parada del 106 y me volví para Versalles, donde vivía en ese entonces. Carolina ni me siguió. La ví tomar el 7 y chau.

domingo, 29 de noviembre de 2009

LA TAZA DE TÉ - PARTE 1

Pasaron unos cuantos años, es cierto.
Decidí volver a visitarla; antes de llegar, compré unas flores para quedar bien y no caer con las manos vacías. El camino lo sé de memoria, el paso del tiempo modificó las calles, las veredas, los autos frente a las casas. Quizás lo único que no modifique es la gente...

Me acuerdo de sus últimas palabras:
-Por favor, calmate, no seas boludo, sacá la mano de ahí- perdí la vista y.....
Qué quieren que les diga, he pensado todos los días en esto y estoy convencido que fue inevitable, ni estando en condiciones normales era de prever otro desenlace. Me vienen con el cuento del control de los impulsos, que la frialdad, que hay que ser civilizado. ¡Pelotudeces!

No olvido jamás la primera vez que nos vimos. Estaba absorto en mis melancolías, divagando en el bar de Goyena y Puan. Boludeaba con la cucharita en la taza de cafe cuando tanto amague de lluvia se hizo lluvia. Un malón de chicos entró al bar y ahí, ella. No sé qué vi, si las transparencias de una camisa blanca pegada a su piel o la risa por el chapuzón.
-Lluvia del orto, justo ahora- se sentó en mi mesa, dejó la carpeta en la silla vacía y empezó a revolverse el pelo y a salpicarme de lo lindo. Estaba casi pegado a la puerta, de ahí de esta acción.
-¿Querés que te invite con algo?- me sorprendí de hacer esta invitación. Ni me oí.
-Dale ¿me pedís un té?-
-¡¿Té?! Debés ser inglesa-
-¿Murdoch te suena?-

Carreras distintas pero ambos en Filosofía y Letras.
Algunos mensajitos cruzados, algunas dobles intenciones y a los pocos días la primera cita.
-En Primera Junta y de ahí arrancamos-
Aquel viaje en el subte fue de lo más divertido de mi vida. Seguimos hasta Saenz Peña y lo siguiente, caminata por Avenida de Mayo. Mi oscura tristeza por arte de magia se fue por ahí. Jamás abordé a una mujer de esa manera, y por una tacita de té. Creí que esas cosas pasaban en las películas baratas de Hollywood, que te venden pescado podrido.
Seguí en mi propio film. A todo esto, Carolina era un vendaval de vida que contrastaba con este insípido gil. Abrió su cartera y sacó su camarita digital. Me ametralló a fotos en todos lados. Pasó una pareja y les hizo el cuento que éramos turistas y si "pour favour, nous sakan unas pictures".
-¿Y si pedías en argentino no era más fácil?-
-Tenía ganas de hacerme la turista, con mi cara de irlandesa cualquiera cae-

Terminamos en un pub de esos que venden cerveza inglesa. Nos bajamos un porroncito cada uno. ¡Soberano escabio nos agarramos!
-¿Adónde vamos ahora?-
-Elegí vos, Caro-
-¿Yo? Seguime-




martes, 14 de julio de 2009

EMOCIONES POSTRADAS - SEGUNDA PARTE

Han pasado algunas semanas desde aquella despedida en esa gélida noche. El invierno prosigue inmutable y por ello la cuenta de los días parece más amodorrada. Vuelvo una y otra vez al abrazo con ella. Vuelvo al último café.

-Te quiero un montón pero amor no...-
Traté de encontrarnos en otra ocasión. Inútil.
Aquí entra a tallar el destino, ese buen o mal amigo que cada uno posee; las cuentas dan, no es posible "otra vez". Aquella noche mientras esperaba el tren tenía la certeza que mi deseo moriría por inanición, acababa de estrellarse contra el muro de la realidad y al abrir los ojos estaba solo con mi tristeza.
-Bueno macho, hiciste lo que había que hacer, te quitaste la carga de un amor contrariado, a otra cosa- ya en mi cama cerré los ojos y volé... qué hermosa estaba esa noche, la puta madre. Con ese pullover marcando todas esas curvas, con ese pantalón hecho a medida, el aroma de su piel, el pelo suelto, su presencia magnética. Cualquiera que pasaba por la mesa la miraba. Y estaba para mí. Seguí volando para torcer la historia, busqué su boca y no hubo resistencia. El mundo se detuvo en ese beso, me clavó las uñas en la cintura y gimió.
-Soy tuya, quiero darte todo-
-Pero si hace un rato...-
-Olvidate, no puedo seguir fingiendo, te amo- me miró como solamente una mujer mira al entregarse. No, no puedo volar. La realidad es otra, esa mirada se la guardó a otro hombre. Y me miró como miran las mujeres cuando el no es no. Volví en sí y no puedo encontrar la manera de asimilar las palabras de ella. Fueron muchas cosas juntas, vuelvo a mis fantasías y nos miramos luego de ese interminable beso; luego de recorrer cada papila de su lengua,luego de manosear desesperado cada rincón prohibido, luego de oler su olor, luego de frotar alma con alma, luego de buscarnos las miradas y hallarnos después de divagar como dos solitarios peregrinos hasta la tierra del No sufrir.
-¿Y ahora?- pregunto como boludo inexperto.
-Lo que sigue- se da vuelta, toma mi mano y me lleva entre el gentío que camina como nosotros y los que no como nosotros. Empieza a reirse con todas las ganas. Los cigarrillos fueron ¿será eso?.
-Estoy contenta, me siento tan bien cuando estamos juntos, ya está, me dejé llevar y me gustó, besás muy bien hijo de puta. ¿Tan caliente estás conmigo?-
-Noooo, caliente no, tanto tiempo reprimido, tanto deseo de tenerte que exploté- me besó colgándose de mi cuello.
-¿Por qué sos tan especial, qué tenés que las mujeres hablan maravillas de vos?-
-Ah, acabo de enterarme-
-Cuando me preguntan por vos y cómo estás y les cuento, entran en trance. Una vez una amiga me preguntó cómo hago para tener toda tu atención. Le dije que nada, siempre fue así conmigo y me dijo que tengo más culo que cabeza. Parece que no veía lo que sentías por mí- seguimos la caminata y me hizo doblar en esa esquina. No importaba la hora ni el frío. Las ocho de la noche.
-Es a tres cuadras, dale así estamos calentitos- llegamos y pagamos a medias. Una hora y media ¿alcanzaría?.
Volví a la tierra. Con gesto amargo veía por la ventanilla del tren pasar las estaciones.

-Te quiero mucho pero amor no...-
-Gulp!-

A veces uno se calla para no correr riesgos, para no perder lo ganado. Tantea cómo seguir ocupando posiciones y jamás llega la pregunta:
-¿Tiene sentido seguir adelante?- Se supone que se entabla relaciones con el sexo opuesto por el sólo afán de conquista, por mero apetito sexual. Y si no se logra el objetivo, se debe emprender la retirada elegantemente sin rastros de sentimiento alguno. Lo único que vale es la fornicación. Si los caminos que conducen a la cavidad vaginal no se abren, se debe buscar otra ¿no?.
-Cuando la mujer siente nunca duda, pibe. Si te da vueltas o te pide tiempo olvidate, no quiere saber nada con vos. Ellas son así. Cuando se calientan con una pija hasta no tenerla adentro no las para nada ni nadie. No son como nosotros, que si no nos da bola la que nos gusta enseguida buscamos otra. Eso lo aprendí con los años y todavía sos muy pibe. Cuando te curtas un poco vas a aprender y te vas a acordar de mí. Las mujeres siempre saben lo que quieren... nosotros los varoncitos cualquier cuerito es bueno si hay hambre. Ellas no, es jamón o es jamón, es mortadela o es mortadela. Vos que sos un bocho analizalo y prestá atención. La mujer nunca duda, quiere o no quiere- esas palabras sabias dichas hace varios años por un cincuentón de tanto en tanto trinan dentro mío. Las traigo al aquí y ahora... con ella y con otras suenan tan vigentes por mis propias experiencias.
Cuando le dije que por favor necesitaba verla que era importante que nos veamos y hablemos, la adiviné extrañada por su tono de voz en el celular. Me dijo que si era tan importante que me tome un tiempito y piense bien porque las cosas importantes en la vida no se hacen o dicen en un parpadear; es menester meditar y luego obrar.
-Dame tiempo y organizamos un día equis-
-Pero es importante-
-Ya te oí, tengo muchas ganas de verte, te extraño, pero me tomás de sorpresa, dame tiempo y me organizo-
-Uff, bueno...-
-No, no te enojes, tengo la agenda a full, te aviso yo ¿sí? ¿no te enojás? te quiero, chau-
Así fue.
Manejó mi urgencia. Al recordarlo (porque esta charla la pasé por alto) retorné a ese consejo de veterano.
-Si ella hubiera sentido como yo, en ese mismo momento nos hubiéramos encontrado. Y no fue-

-Te quiero mucho, pero amor no...-
A medida que pasaron los días de a poco comprendí la dura derrota. O mas bien, el fracaso.
-Sí, soy un fracaso, la mujer que más amé y más amo me fue indiferente, se cagó en mis sentimientos. Parece que no soy lo suficientemente hombre para que se detenga un segundo en mis ojos. Soy un fracaso, soy un pobre pelotudo-
Lo único que me calma es la autosatisfacción. Pienso en ese último abrazo, ese último contacto, sus tetas contra mi pecho, su pancita junto a la mía, las piernas roce con roce... y no doy más. Gatillo y el volcán hace retumbar el planeta, y en segundos nada. Estoy apenas conmigo. Entonces lloro.

-Te quiero mucho, pero amor no...-
Los días siguen. Me llamó (no sé por qué) y me preguntó cómo estaba.
-¿Estás bien?-
-Lo sobrellevo-
-Pero ya lo hablamos, te pido que no me toques el tema, me incomoda que mi amigo en realidad me ame-
-No seas hija de puta, por favor-
-Eh, no me trates así-
-¿Y yo qué, todo vos, todo vos nada más? ¿te cagás en lo que siento?-
-No me hables así- se le entrecortó la voz.
-Perdoname pero no puedo... te amo, eso es todo, muero por sentirte toda, carajo. No sigamos hablando o vamos a terminar mal-
-Quería saber cómo estabas-
-¡¡COMO EL CULO!!- y cortó. Ya de esa vez no volvimos a hablar, apenas contacto por internet. Y los días siguieron su curso. Calmo mi impulso de tomar el celu y llamar o mensajearla. O ir a su casa con la excusa de una visita sorpresiva. Me escribió un mail. Me preguntó si estaba enojado. Y que no tuvo la intención de hacerme mal, lastimarme. Es obvio que no, el que se enamoró soy yo. Ella no, al menos no de mí. Sé que desea otra verga, que sus pensamientos giran en torno a otro prójimo, que en sus sábanas habitan otras fantasías en las que no soy protagonista.

-Te quiero mucho, pero amor no...-
Vuelvo a la fantasía. Antes de entrar al cuarto, ya amago desvestirte ahí mismo. Meto las manos bajo el pullover y tu piel arde. Me mordés el cuello y abrís la puerta. Con toda tu fuerza me entrás y caigo en la cama. Cerrás.
-¿Cómo me imaginaste siempre, muy puta?- vuela el pullover, esa musculosa negra es tan excitante.
-Espero que la realidad supere a la fantasía- cae el pantalón, revoleás las zapatillas. Mientras saco mi ropa acostado, venís a la cama golosa.
-¿Tenés idea de cómo te tengo ganas?. Te voy a exprimir-
-Por Dios, qué hermosa sos, cómo te deseo-
-Ya lo sé, me cogés con la mirada, demostrámelo-
Vuelvo a la realidad. El invierno es una cagada. Nada más triste que los árboles podados, las calles vacías, el pasto seco, el frío. El maldito frío. Sigo con mi vida cada momento más triste, más vacío, extrañándola.
-Pero tarde o temprano se iba a dar cuenta y se terminaría todo, del vamos que no le movés el piso- me digo. Salgo a caminar, a fumar un poco. Si no hubiera dicho lo que siento seguiría nuestra relación, nuestro "nosotros".

-Cómo la deseo- pienso.
Y sigo pensando ¿seguir sosteniendo esta farsa, esta amistad que no es recíproca? Ella sí, alardeando de tenerme como amigo. Yo no, sufriendo por poder acariciar un poco más allá de la línea de la amistad.

-Te quiero mucho, pero amor no...-
Qué ganas de torturarme con ese momento. Por la borda se fueron tantos otros,tantos cafés, tantas caminatas tomados de la mano, tomados de la cintura, en algún bar, en cualquier kiosco que venda cerveza fría, compartiendo el último cigarrillo, pagando un paquete de diez a medias.
Salgo a caminar, ya se los conté; sigo la caminata invadido por los recuerdos, aparece su cara risueña festejando alguna boludez que se me ocurre. Llego al bar, entro y esta vez pido una copa de Tía María. No es el mismo bar del último café y aquel mozo confianzudo. Vuela mi cabeza a la primera vez que salimos juntos ¡tantos años ya! Esa emoción perdura, fue un viernes de Diciembre, hacía bastante calor y cuando apareció me desmayé: minifalda y remera demasiado cortita, ombligo al aire.
-Hola, disculpá la demora, me cagó el bondi-
-Te perdono todo, mamita- miré hacia abajo.
-¿Acaso nunca viste un ombligo vos?- descubrió mi curiosidad -dale, mirá y sacate las ganas ¿te gusta mi ombligo? ¿es lindo? ¿querés tocarlo ya que estás?-  ella es así. Los años casi no la cambiaron. Puede ser tierna y sutil como cruda y directa. Sabe manejar los tiempos. Acaricia o golpea. Mimosa o agresiva. Evasiva o inquisidora. Aprendí a conocerla pero menos de lo que supuse.
Sigo jugando con la copa medio llena. Pido un cenicero. Sí, guardo como tesoro esa noche. Tenerla para mí solo compartiendo una cerveza fue la gloria. Hacía dos meses que nos conocíamos. Eramos una incógnita. Tenía miedo de arruinar todo y salió maravilloso, estuvimos hasta las cuatro de la mañana del sábado charlando sin parar. En un momento entró un tarjetero y al vernos se acercó a la mesa y nos dejó una tarjeta...
-Ja ja, una tarjeta de telo- dijo
-Nos habrá visto la cara de burros en celo- lloró de la risa: tiró el vaso, hizo un enchastre bárbaro.
-Ay cómo me hiciste reir, boludo, me hiciste romper todo-
-La guardo para más tarde- pensé en voz alta.
-Antes que vayas acompañame a la parada- bang bang.
Vuelvo a la fantasía. Terminamos empapados y exhaustos. Nunca gocé con tanta lujuria como ahora mismo. Te tengo desnuda a mi lado con los ojos en el nunca jamás.
-Al final lo hicimos-
-Esto queda entre nosotros ¿sí? nunca sentí tanta piel con un tipo como con vos, fue hermoso sentirte, no me arrepiento de haberlo hecho. Te amo- me besó.
-Y qué puedo decir yo- prendí un cigarrillo -tantos años deseándote y al fin sucedió, tantas fantasías y la realidad superó todo. La pasé mejor de lo que soñé. Te amo-

-Cómo la deseo- pienso.
Estoy  con este vaso semivacío, tratando de no llamarla, de olvidarme que la amo, que la necesito. Borrar de mi corazón su presencia. Pago. Dejo propina. Salgo a seguir caminando, entro al primer kiosco y pido cigarrillos, cuando una mano toma mi hombro...
-¿Vos por acá?-
-Hola- era ella con la mirada sombría.
-Hola- abrí los brazos por instinto y me recibió, se aferró y apoyó su cabeza en mi pecho.
-Estuve pensando en vos estos días ¿cómo estás?-
-Sobrellevando ¿cómo me encontraste?-
-Una corazonada, tenía ganas de volver a verte y salí a dar una vuelta-
-¿Y vos, cómo estás?-
-Mal, me siento mal. Soy una tarada. No puedo dejar de pensar en lo que me dijste. Me sacudiste la estantería-
-Me dijiste que amor no-
-Bueno, sí, pero sos vos ¡¡JUSTO VOS!!- empezó a llorar. Seguíamos adentro del kiosco. Vi que tenía dos mesitas con sus respectivas sillas
-¿Tenés café, flaco?- pregunté al kiosquero.
-¿Te preparo dos?- no salía de su asombro por el encuentro.
-Dale-
-Siéntense que se los alcanzo- no nos dijimos nada, le di la mano y la llevé a la mesa. Llegaron los cafés. Seguía llorando; pasé mi mano por su cara.
-Así sos más hermosa todavía-
-¡Parezco una pelotuda!- nos callamos. Prendí un cigarrillo.
-Te extrañé, me aguanté las ganas de llamarte, me dolió tu respuesta. Qué se yo, lo sobrellevo-
-Pensé en vos, no puedo perderte así nomás. Sos muy especial para mí- ahora se calmó -acercate que voy a contarte un secreto- me sonrió con los ojos rojos. Arrimé mi oreja y soltó las palabras.
-Quiero que te quedes conmigo, me duele extrañarte-
-¿Estás jodiendo?-
-Nunca hablé tan en serio, te quiero- buscó mi boca y me besó. Fantasía y realidad amalgamadas. Por qué se demoró tanto tiempo este momento, ni idea. Debe ser que las cosas suceden cuando deben, y simplemente suceden. Son inevitables y eso va más allá de nuestra comprensión y nuestros deseos. Pagamos los cafés y nos levantamos. En la vereda nos besamos con todas las ganas de diez años de espera. Justo pasó otro tarjetero y nos interrumpió. 
-Ah, bueno, otra tarjeta de telo!!-
-Como aquella primera salida ¿te acordás?-
-Todo momento a tu lado lo recuerdo como ayer-
-¿Te acordás que te saqué cagando?-
-Uff. obvio-
-¿Querés que vayamos ahora mismo?- levantó el pullover y créase o no tenía puesta aquella remerita corta, la del ombligo al aire. No dijimos más nada. Apuramos el paso y nos perdimos en la noche...

En una noche de tantas, caminando sin rumbo, ella me decía que en la vida todo era cíclico, que misteriosamente los círculos se cerraban y volvían a abrirse una y otra vez.
-Es un ida y vuelta, como una calesita loca-
Al tener la tarjeta en la mano, recordé esa charla.
Como casi siempre, ella tenía razón.    


                              
                                                                           FIN.